PADRE JULIAN LORENTE LOZANO
FUNDADOR

Las oraciones escritas El P. Julián Lorente Lozano, fundador de la Congregación de Misioneras Sociales de la Iglesia, son producto de su profunda vida interior, de una fe vivida profundamente, y de su entrega total a la voluntad de Dios Padre.
La revelación de un Dios-Amor Trinitario, no está
al alcance del hombre, pues no pertenece al
dominio de la razón y sólo la obtiene cuando tiene
una intercomunicación con Él a través de intensa
oración.
ORACIONES
Feliz el alma que ha llegado a hacer su oración sin necesidad de palabras, y sólo la hace gustando de la presencia amorosa de Dios dentro de ella.
En la intimidad con Dios ocurre un caso curioso: al principio te preocupas por decir muchas cosas, más tarde estás a su lado y sólo sabes mirarle amándole.
Feliz el alma que ha llegado a hacer su oración sin necesidad de palabras, y sólo la hace gustando de la presencia amorosa de Dios dentro de ella.
La mayoría de las veces el hombre sólo cree que habla con Dios cuando habla con Él a través del pensamiento o la palabra, sin embargo, también el silencio del que no sabe decir nada, pero mira a Dios, se convierte en una bella oración.
Recopilamos algunas.
LA EFICACIA DE LA ORACIÓN

¿Tienes el alma en paz?
Ora al señor y El te la conservará.

¿Sufres tentaciones?
Ora al Señor y El te hará vencerlas.

¿Has caído en alguna imperfección?
Ora al Señor y El te ayudará a levantarte.
¿Te encuentras desanimada?
Ora al Señor y El te fortalecerá.

¿Te sientes abandonada de tus Hermanas?
Ora al Señor y El te hará compañía sensible.

¿Te sientes en noche oscura teniendo la sensación de que Dios no existe y que lo divino es mentira, y que cuando mueras tu alma caerá en la eterna Noche sin Luz?
Ora al Señor abandonándote en sus brazos y
El te llenará de Luz y de Paz.
Oraciones
De las Misioneras Sociales de la Iglesia
Por la mañana
Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo cuanto tengo y poseo, Vos me lo distéis, a Vos, Señor, os lo devuelvo; disponed de ello como os plazca, dadme vuestro amor y vuestra gracia y esto solo me basta. (1ª parte de S. Ignacio de Loyola).
Señor Jesús: Tú nos has elegido y aquí estamos. Tú nos enseñaste a ser hermanos de todos los hombres. No podemos amarte a Ti sin amar a los demás; ni despreciar al más humilde sin despreciarte a Tí.
Todo nuestro amor hacia Ti queremos volcarlo en nuestros hermanos que son tus miembros. Entregarte nuestra vida entera para hacer del mundo UNA GRAN FAMILIA DIVINA.
Haz que seamos:
Manos tuyas sobre todas las heridas...
Pies tuyos tras todos los descarriados...
Labios tuyos consoladores de todas las tristezas.
Corazón inmenso tuyo para los sin amor...
Que aprendamos de Ti:
A amar con pureza...
A sufrir sonriendo...
A trabajar son contar los días ni los años...
A entregarnos sin aguardar recompensas...
Y así, cuando llegue nuestra sublime hora de volver a nuestra casa, nos encontrarás cargadas de espigas para Tí.
Que nuestros ojos se cierren entonces, escuchando de tus labios: “Venid a gozar del Reino”... que cuanto hicisteis con mis hermanos los pobres... lo hicisteis conmigo.
VIRGEN SANTÍSIMA  nosotras- como Tú- hemos recibido la tremenda  “Anunciación”... de encarnar  en nosotros a Cristo para repartirlo al mundo.
Danos un corazón sencillo y cristalino, dulce y fuerte como tu corazón.
Que nos encontremos siempre de pie contigo, junto a todos los crucificados del cuerpo y del alma. Que pasemos hacia el Cielo dejando sobre la tierra una estela de gracia, de pureza y de luz. Amén.
Oración para rezar antes de Laudes y Vísperas

Padre nuestro, queremos que nuestra oración de Laudes (Vísperas), sea una manifestación sincera de nuestro amor a Ti, una demostración de que nuestra vida es una alabanza de gloria a la Trinidad que mora en nuestras almas y una ofrenda de amor de estas hijas al mejor de los Padres.
Te la ofrecemos en nombre de la Iglesia Universal, a través de nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, y de la Virgen María nuestra Madre, para que ellos nos unan a Ti que eres nuestro amado y tierno Padre y nos transformes más y más en Ti, para mejor servir a nuestros hermanos los pobres.
Al medio día

Señor Jesús: Aquí nos tienes postradas a tus pies.
Hemos querido amarte y servirte en nuestros hermanos.
Tal vez nos ha faltado pureza de intención para verte en ellos.
Te agradecemos el amor que nos has dispensado al dejarte servir por nosotras.
Te pedimos aumentes nuestra fe, para que te veamos en el rostro de nuestros hermanos.
A la Noche

Señor Jesús: La jornada ha terminado, nuestros cuerpos cansados te hablan de la dureza de la misma. Ojalá  nuestros trabajos hayan acercado a nuestros hermanos a  Tí.
Acepta el sacrificio de los que en esta noche pasan hambre, frío, o se ven privados de la libertad; es la misa perenne de los miembros doloridos, hermanos nuestros.
Mueve, Señor a todos los hombres para que se amen como hermanos, ya que amándose tratarán de remediar tanto dolor  y tantas lágrimas que se vierten en el mundo.
Señor, acepta nuestro amor y bendícenos para que mañana  sigamos trabajando para aliviar el dolor, iluminando con tu luz, la senda de tantos hijos pródigos, que pasan hambre y sed fuera de la Casa Paterna. Amén.
Oración

¡OH divino Espíritu Santo!  Te suplico con toda humildad, me concedas la gracia, no sólo de llevar los sufrimientos sin quejarme, sino que llegue a amarlos, viendo en ellos un verdadero tesoro, de que se sirve le Señor para transformarme en el rostro humilde y paciente de Cristo.
Y que vea en quien me humilla a un verdadero bienhechor, enviado por mi  Padre Dios.
Quiero hacer mía la frase de “padecer o morir”.
En el momento de comulgar
Señor  Jesús: Te suplico con toda humildad, que tomes mi alma y la introduzcas en el seno de la Santísima Trinidad, para que quede divinizada con la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y así mi alma salga empapada de tu divinidad. Amén
Otra oración
Señor Jesús: Quiero aprovechar cada día que me concedes de vida para llenar mi alma de tu amor, para que cuando vengas por mí, yo, a imitación de las Vírgenes Prudentes, pase directamente Contigo al Banquete de nuestro Divino Desposorio. Amén
Elevación Piadosa de Sor Isabel de la Sma. Trinidad
Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente de mí para fijarme en Vos inmóvil y apacible, cual si estuviese ya mi alma en la eternidad. Que nada sea bastante para turbar mi paz o apartarme de Vos ¡Oh Inmutable!. Sino que cada minuto me haga sumergirme más en la profundidad de vuestro misterio.
Pacificad mi alma, haced de ella vuestro Cielo, vuestra mansión amada y el lugar de vuestro reposo, que nunca os deje solo, antes bien persevere con Vos del todo, con mi fe enteramente despierta, en absoluta adoración y entregada por completo a vuestra acción creadora.

¡Oh Cristo Amado mío! Crucificado por amor, quisiera ser una esposa para vuestro corazón, quisiera cubriros de gloria, quisiera amaros... hasta morir de amor ¡Pero ay! Veo mi impotencia y os pido me revistáis de Vos e identifiquéis mi alma con todos los movimientos de la vuestra; dignaos, os ruego, sumergirme, invadirme y sustituirme Vos a mí, para que mi vida no sea más que una irradiación de la vuestra.
Venid a mí como Adorador, como Reparador, como  Salvador.

¡Oh, Verbo Eterno, Palabra de mi  Dios! Quiero pasar mi vida escuchándoos; quiero ser adoctrinada de Vos para todo, a fin de aprenderlo todo de Vos. Y luego a través de todas las oscuridades, de todos los vacíos, de las impotencias todas, quiero tener mi vista fija en Vos y permanecer bajo vuestra grandiosa luz. ¡Oh Astro mío amado!, Fascinadme de suerte que no pueda ya apartarme de vuestras irradiaciones.

OH fuego abrasador, Espíritu de Amor, descended a mí a fin de que mi alma se verifique como una encarnación del Verbo y sea yo para con El una humanidad suplementaria en la cual renueva Él su misterio. Y Vos, ¡Oh Padre!, inclinaos hacia vuestra pobrecita criatura y no miréis en ella más que al muy Amado en quien tenéis puestas todas vuestras  complacencias.

¡Oh mis Tres! ¡Mi Todo!, Mi Bienaventuranza, Soledad Inconmensurable, Inmensidad donde me pierdo, a Vos me entrego como presa de vuestro amor; inundadme para que yo quede sumergida en Vos, hasta que vaya a contemplar en vuestra Luz el abismo de vuestras grandezas. Así sea.
¡Padre mío, Ayúdame!

Me presento ante Ti, Padre mío, como realmente Tú sabes que soy: débil y cobarde ante  el sufrimiento.
Sé que tengo que sufrir, pues vivo en un valle de lágrimas, donde todos lloramos; pero vengo  a Ti para que me des fortaleza sobrenatural, para aceptar con amor y con paz todo sufrimiento, y para que jamás me deje arrastrar por el miedo a lo que en el futuro me pueda venir sobre mí.

Quiero parecerme a Ti que te abrazaste voluntariamente a todos los sufrimientos, que culminaron en tu crucifixión, pero reconozco con toda humildad, que si Tú no me ayudas podría caer en el abatimiento, en la tristeza o en la angustia, cuando llegue mi amarga y lacerante “Pasión”. Ayúdame para que sufra con santa alegría, sabiendo que así me transformo más y más en Tí. Amén.
Oración ante el sufrimiento físico o moral

¡OH divino Jesús! En este momento me encuentro física y moralmente sufrido, y ello me hace acudir a Ti, que dijiste: “Venid a Mí todos los que estáis sufridos y agobiados, que yo os aliviaré”. Si Tú que fuiste el Santo de los santos, sufriste insultos, bofetadas, desprecios, flagelación y crucifixión, sin quejarte en ningún momento sino que desde la cruz dijiste: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”, ¿cómo puedo yo quejarme de mis sufrimientos, si reconozco que soy un pobrecito pecador, y que todo lo permites para purificarme de mis pecados, y para que yo alcance el grado de santidad que tú esperas de mí?
Que mire todo sufrimiento como un tesoro que contribuye a que yo me parezca algo a Tí.
Gracias, Jesús mío, porque sé me escuchas y das fortaleza para abrazarme con paz a todo sufrimiento. Amén.
A la Virgen María

¡OH Madre del Amor Santo! ¡OH vida y refugio y esperanza mía!. Tú sabes muy bien que tu Hijo Jesús, no contento con hacerse nuestro perpetuo Abogado cerca  del Eterno Padre, ha querido que tú también te empeñases en impetrar, en alcanzar para mí las divinas misericordias.

Por tanto, yo me dirijo a ti, esperanza de los miserables, confiando que por los méritos de Jesús y por tu intercesión conseguiré la santificación que tanto anhelo y tanto es lo que confío que si mi santificación estuviese en mis manos la pondría igualmente en las tuyas, ya que confío más en tu protección y misericordia que en mis propias fuerzas.

Por eso, Madre y esperanza mía, no me abandones.
La piedad que Tú tienes hacia los miserables, hacia los pobrecitos, como soy yo, y el poder que tú gozas cerca de Dios, superan el número y la malicia de todos mis desmerecimientos. Por esto, que me olvide totalmente de mí, pero no me olvides tú ¡OH Madre de Dios Omnipotente! Di a Dios que yo soy tu hijo; dile que tú me defiendes y que quiero ser santa. Amén.
Durante la oración

¡OH Dios mío, Trinidad Santísima! Haz que al menos en las horas de oración, tenga conciencia de tu inhabitación dentro de mi alma, actualizando mi unión contigo, que  al menos en esas horas no te deje solo en el fondo de mi corazón, si no que yo sepa entrar de nuevo en mí misma, volver a casa y encerrarme en el Templo donde Tú me esperas.

Enséñame y concédeme ¡OH Jesús! Aquella oración profunda que sumerge al alma en Dios y la inflama y fortifica en contacto vivo con Él.

Pero al mismo tiempo quiero participar en tu oración que es la única adoración  digna de Dios.
Dígnate, pues ¡OH dulce Señor! Tomar mi indignísima oración y unida con la tuya ofrécela Tú  mismo a la Santísima Trinidad. Sólo de esta manera podré llegar a ser también yo una de aquellas verdaderas adoradoras en espíritu y en verdad que busca y desea el Padre celestial.

Y para que mi oración sea realmente semejante a la tuya, enséñame también a nutrirla con el sacrificio verdadero y generoso: privación de alguna hora de descanso, desapego de las criaturas, silencio interior, recogimiento interior, fiel cumplimiento de mis deberes, pequeñas mortificaciones voluntarias; plena y alegre aceptación de cualquier manifestación de tu voluntad y de cualquier circunstancia de la vida que Tú permitas.
Haz, Señor, que cada día termine mi oración con propósitos de una mayor generosidad dispuesta a abrazar por tu amor cualquier sacrificio que encuentre en mi camino. Así sea.







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