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Bodas de Oro
50 Años

Un lunes 13 de septiembre de 1.965, un principio, y un “toque de trompeta”, que se escuchaba muy lejos, pero han ido pasando 10, 15, 25…de este “toque” para celebrar los 50 años, de fundación. Y se ha ido haciendo más cercano, melodioso, intenso, agradable, con la vida de cada una de las Misioneras Sociales de la Iglesia, que respondiendo generosa y confiadamente a la llamada del Señor, por medio de la inspiración que recibía, nuestro querido P. Julián, para comenzar, como un heroé, con unas heroinas, a recorrer un camino llamado: Misioneras Sociales de la Iglesia.

El 13 de septiembre de 2.014, con solemnes celebraciones Eucarísticas, en todas las Comunidades, se da Apertura al Año Jubilar. “Toques de trompeta”, que se oyen al unísono, en Ecuador, España, Kenya, y en todas las Comunidades donde desgastan su vida por los Cristos pobres de la tierra, las Misioneras Sociales de la Iglesia.

Pero un gran acontecimiento en la Congregación de Misioneras Sociales de la Iglesia, se celebra el 9 de mayo de 2.015. Nuestro querido P. Julián Lorente Lozano,  a los 97 años de edad, dejaba de peregrinar por esta tierra de destierro, y se “marchaba a la Región de la Vida, del Amor, de la Paz y de la Eterna Felicidad”. Y ya, “por fín”, se le hacía realidad su permamente anhelo de marcharse con Dios Padre, con Jesucristo, con la Virgen María….y con los que señala el Apocalipsis. Quiso irse al Cielo a celebrar las Bodas Eternas, pues el Señor lo decidió, y él encantado con su divina voluntad, antes que volar de España a Ecuador, pues esos viajes ya no eran para él que quería volar más alto, al Infinito. “Mientras esté en la tierra, procuraré ayudarles, cuando el Señor me lleve al Cielo, desde allí seguiré ayudándolas”. ¡Seguro que sí!. Gracias, querido P. Julián, que con solemne Toque de Trompeta, te dijimos “hasta el Cielo”, tus hijas las Misioneras Sociales de la Iglesia y tus hijas las Misioneras Catequistas Lumen Christi, junto con todos tus amigos, los Cristos pobres de la tierra, un día lunes en la Santa Iglesia Catedral de Loja,Ecuador.
Llega el dia de la celebración de los 50 años de la Fundación de las Religiosas Misioneras Sociales de la Iglesia y proclamamos con nuestra palabra y con el testimonio de nuestras vidas, la alabanza del Señor, como dice el Salmo: ¡De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. Con el cántico de la Virgen María: ¡Bendice alma mía al Señor! Y no olvides sus beneficios. ¡Ninguno, Señor!. Todo han sido gracias para nuestro crecimiento personal, para la Congregación y para la Iglesia entera¡!Cantad al Señor un cantico nuevo porque ha hecho maravillas! ¡Bendice, alma mía, bendice al Señor!
¡Bendice, alma mía, al Señor!  Por el don de la vida, que concediste al P. Julián Lorente Lozano que nacía en un caluroso día lunes 26 de agosto y también un día lunes 13 de septiembre de 1.965 nos engendró a la vida religiosa como Misioneras Sociales de la Iglesia, donde somos inmensamente felices, desgastando nuestras vidas por los Cristos pobres de la tierra.

¡Bendice, alma mía,  al Señor!  Porque el P. Julián tenía tal certeza que Dios no hace nada sobre “algo”, sino que hace “algo” sobre nuestra pobre nada aceptada con humildad. Y a él que era “torpe, tímido, sin memoria, que lo dejaban sin recreo, para que se aprendiera la lección”, le inspiró fundar una segunda Congregación, las Religiosas Misioneras Sociales de la Iglesia.
¡Bendice, alma mía, al Señor! Porque el P. Julián y siendo un humilde soldado, se lanzaba a predicar retiros espirituales a jóvenes;  daba de comer a los hambrientos, les avisaba que escondieran el arroz, para que no se lo quitaran, cuando estaba en la guerra…él mismo pasó hambre y estuvo mendigando… y asi se acentuaba y crecía su amor por los Cristos pobres de la tierra.

¡Bendice, alma mía,  al Señor! Porque el P. Julián Lorente, estando en la Capilla del Hospital “Gomez Ulla”, le agarraste fuertemente el corazón que físicamente sentía  que no podía levantarse, con lo cual le estabas diciendo que nada de medianías. ¡Todo o nada! ¡Santos o muertos!
¡Bendice, alma mía,  al Señor! Porque el P. Julián cuando estaba condenado a muerte, en la guerra, civil española, no tenía miedo a morir, por amor a su patria, pero sí le preocupaba el poco amor a Dios que tenía en aquel entonces.

¡Bendice, alma mía,  al Señor! Porque inspiraste al P. Julian que se mortificara en no comer pan y naranjas para dárselo al capitan para que les llevara a sus hermanas, acto que conmovío enormente al capitán, que le dijo: “desde hoy seremos grandes amigos”. Esto le decía porque “estaba en observación” para fusilarle cualquier noche.

¡Bendice, alma mía, al Señor! Porque Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, asoció a su sacerdocio ministerial al P. Julián el 9  de septiembre de 1.951, en Avila.
¡Bendice, alma mía,  al Señor! Por el Carisma que inspiró el Señor al P. Julián Lorente Lozano de “Sentimiento maternal de cmpasión de Dios”, hacia los hambrientos de lo divino, de pan y de cultura, hacia los pobres, los marginados, los oprimidos, los enfermos, los que el Señor califica de “bienaventurados”. Llevarles el amor de Dios, haciéndoles conocer que es su Padre que les ama, enviándoles a su Hijo Jesucristo para saciarlos  de salvación y santificarlos con su espíritu.

¡Bendice, alma mía,  al Señor! Por las once primeras Hermanas, Auxiliares del Buen Pastor, que se decidieron humilde y confiadamente, embarcarse para empezar a vivir una nueva aventura, en una nueva comunidad, con nuevo Carisma, que el Señor les ofrecía a través del P. Julián Lorente….y todas las que han entrado a formar parte del este ejército azul de las Misioneras Sociales de la Iglesia.
¡Bendice, alma mía, al Señor! Porque la vida del P. Julián era un permanente diálogo con la Santísima Trinidad. Se sentía habitado por la Santísima Trinidad y vivía contemplando y amando a los Huéspedes Divinos.

¡Bendice, alma mía, al Señor! Porque el día 13, día de la Fundación, cuando leía el Secretario del Señor Obispo un documento de Aprobación de las Misioneras Sociales de la Iglesia, decía  “por un año”,  al P. Julián le sorprendió y le hizo sufrir, lo cual le hacía comprender una vez más, que empezaba la cruz que toda fundación de una nueva familia religiosa lleva consigo, con el objeto de irla asemejando a su Divino Maestro.
¡Bendice, alma mía, al Señor! Porque el Fundador de la Congregación es Dios y yo un mero instrumento en sus divinas manos, como siempre decía el P. Julián Lorente. Y esta Obra cumple 50 años. Y él se marchó a celebrar en el  Cielo, junto con sus Hijas las Misioneras Sociales de la Iglesia: Hna. Rosita Alvear, Hna Isabel Parreño, y Hna. Marta Jiménez.

¡Bendice, alma mía, al Señor! Por la paz, el gozo interior, que el P. Julián Lorente  dejaba en tantas almas,  a las que ayudaba espiritualmente, con el don del discernimiento,  a las que invitaba al sacramento de la reconciliación, para decirles que Dios es su Padre que les ama.
¡Bendice, alma mía, al Señor! Por el Espíritu Misionero del P. Julián Lorente, que lo llevó a recorrer muchos paises de latinoamérica, pueblos y ciudades de Nicaragua, y Ecuador hasta agotarse físicamente, que el médico tuvo que decirle: “O se marcha a descansar a España o un día cae en las calles de la ciudad”  A España no viene a descanasar, porque también tiene que realizar una inensa actividad apostólica predicando y dando Ejercicios espirituales a Religiosas y Seglares.

¡Bendice, alma mía, al Señor!
Porque el ideal de la Misionera Social de la Iglesia que es “Servir a nuestros hermanos, para hacerlos hijos de Dios, y que vivan todos formando la Gran Familia de los Hijos de Dios”, sigue atrayendo y entusiasmando a jóvenes, laicos, niños, y adultos en los diversos lugares donde nos encontramos.
¡Bendice, alma mía, al Señor! Porque las Misioneras Sociales de la Iglesia en los lugares donde se encuentran siguen testimoniando con sus vidas la compasión, la mansedumbre, la pobreza, la humidad, la obediencia, que tanto nos inculcó nuestro P. Julián Lorente.

¡Bendice, alma mía, al Señor!
Porque la Congregación que Él inspiró Fundar al P. Julián se extiende cada día  cumpliendo con su misión en  el anuncio del Reino hasta llegar a formar la gran familia de los hijos de Dios, viviendo la entrega con la alegría que sólo tienen  las almas que se sienten amadas de Dios, siendo canales por donde corre el amor divino para nuestros hermanos los Cristos pobres de la tierra.

Que nunca se calle nuestra alabanza al Señor y que se extienda por toda la tierra, proclamando las maravillas que ha hecho en el P. Julián Lorente y a través de él y las que sigue haciendo con nosotras  sus hijas las Misioneras Sociales de la Iglesia.

¡Bendice, alma mía, al Señor! ¡Bendice, alma mía, al Señor! ¡Bendice, alma mía, al Señor!


Zorayda Rueda-Pardo
            m.s.I
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