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Nuestro Querido Padre
El 9 de mayo de 2.015, sábado, a las cinco menos 20 de la tarde,  a los 97 años de edad, nuestro  querido  P. Julián Lorente Lozano, en el Hospital “Virgen del Puerto” de la ciudad de Plasencia-España, se despedía y dejaba de peregrinar en esta tierra, y comenzaba su gloria, como él mismo dejó escrito para su epitafio, en la Región de la Vida, del Amor, de la Paz y de la eterna Felicidad. Estuvo ingresado desde el día jueves 23 de abril,  a las 12h30, que subió en la ambulancia del 112, pero era nostalgia del cielo, de estar con Dios, con la Virgen María, lo que le “aquejaba”.
Vivía con ese ardiente deseo de marcharse lo antes posible con el Amado. Por eso para él la  muerte, era el encuentro con la Vida Eterna que es Dios, que es Jesucristo. No tenemos por qué temerle, decía, porque es nuestra ¡querida hermana!, ¡Ella es la puerta que se abre!, ¡Ella es la que nos pone en los brazos amorosos de nuestro Padre Dios!  Así la consideraba, porque en su peregrinar terreno el amor de Dios se había apoderado de su corazón, y por eso el mismo Señor, le concedió ese gozo anticipado de querer marcharse cuanto antes con él vivía en un permanente diálogo con Dios Padre, con la Santísima Trinidad, vivía del amor de Dios, que a veces lo sentía como un fuego, que le llevaba a decirle al Señor: ¡Mátame!, ¡Destrúyeme!, ¡Fúndeme contigo!......¡Llévame contigo!.

Años atrás, en uno de los Ejercicios Espirituales que predicaba a las Señoras de la Adoración nocturna, en una Meditación que la titulaba: “Nuestra Hermana, la Muerte”, en su esquema de predicación, hacía el siguiente escrito sobre la Muerte:
EL GO ZO DE MORIR
Cuando te digan que he muerto, no lo creas, pues la verdad es que he pasado a la REGIÓN DE LA VIDA.
He terminado mi peregrinación sobre la tierra,
para marchar a la CASA DE MI PADRE.
He dejado de pasar hambre de verdad y de amor,
para pasar al BANQUETE DEL ETERNO AMOR.
He dejado la oscuridad, para pasar a la ETERNA LUZ.
He dejado de guardar los cerdos de mis bajas pasiones,
para pasar a los BRAZOS DEL PADRE.
He dejado, en fin, de ser un posible habitante del Cielo,
para ocupar el sitio que Jesús me ha preparado.
Si te acercas a mí, verás que mis manos están inmóviles;
es porque tengo cogidas las manos de mi Padre Dios.
Verás que mis ojos están cerrados;
es porque los tengo abiertos, mirando sólo el Rostro
infinitamente bello de mi Padre Dios.
Verás que me hablas y no te escucho;
es porque sólo puedo escuchar la Eterna Palabra
que me habla de AMOR.
Verás que mis pies están fijos, parados; es porque
ya han encontrado la verdad y el amor que buscaban,
y ya no tengo que mendigar amor.
Verás que mi corazón se ha parado;
pero, es porque ya ha sintonizado
con el corazón de mi Padre Dios.

En fin, cuando me mires, piensa que estoy absorto,
estático mirando al que amaba y amaré eternamente,
bebiendo incansable de su fuente inagotable de FELICIDAD
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