PADRE JULIAN LORENTE LOZANO
FUNDADOR

DECÁLOGOS
P. Julián Lorente Lozano
Fundador:
Misioneras Sociales de la Iglesia (Ecuador)
Misioneras Catequistas Lumen Christi (Nicaragua)
1º. Jesucristo dijo: “quien quiera ser mi discípulo que se niegue a sí mismo que tome su cruz y me siga”.
2º. Como has nacido llena de amor propio y orgullo y el Señor quiere llenarte de su amor, para hacerte santa, has de mirar el sufrimiento que disminuye tu orgullo, como un maravilloso REGALO DIVINO.
3º. Has de mirar a tus Hermanas de Comunidad y a todas las personas con las cuales tienes algún contacto apostólico, como colaboradoras de Dios, para santificarte a través de sus virtudes y de sus imperfecciones. Esto lo comprenderás si vives de fe, pues si vives apoyada en la razón tendrás como enemiga a toda persona que te haga sufrir.
4º. Si dentro de tu Comunidad encuentras a una Hermana que te hace sufrir alégrate de ello, y tenla como a una BIENHECHORA INSIGNE, pagándola el bien que te hace con tu oración.
5º. Cuando encuentres a una Hermana que te mortifica por su modo de ser, no huyas de ella, pues quien huye de la cruz, huye de Dios.
6º. Dios te ha de purificar y transformar en Él a través del amor y del dolor. Quien quiere vivir sin sufrimiento, es que no conoce en verdad lo que es el Amor, pues este lleva siempre el deseo de parecerse al ser Amado.
7º. Si tu Modelo es Cristo doliente, paciente y dulce, para parecerte a Él has de abrazarte con tu sufrimiento, venga de donde viniere, pero sin quejarte de nada ni de nadie.
8º. Cuando sufras no pienses que ello se debe a que Dios te castiga, por no serle fiel, o porque se ha olvidado de ti sino que es una manifestación clarísima de su amor hacia tu alma, pues quiere hacerte otro Cristo.
9º. Cuando el sufrimiento llame a tu corazón, recíbelo como a un buen hermano que te va a llevar a Dios. Por eso, como eres débil ante el sufrimiento, busca la fortaleza en tu íntima oración con tu Padre Dios.
10º. Si eres fiel en sufrir por amor a Dios, El te llenará de paz y a imitación de los santos llegarás a amar el sufrimiento como instrumento que te diviniza. Recuerda estas expresiones que ojalá las hagas tuyas algún día: “O padecer o morir”. “No morir sino padecer”. “Quien no sabe de penas en este valle de dolores no sabe de cosas buenas, pues penas es el traje de amadores”.
Decálogo del manso y
Humilde de corazón
1º. Cuando le calumnian, siempre sonríe con paz.
2º. Cuando le marginan y olvidan, siempre sonríe con paz.
3º. Cuando le tienen por imperfecta, siempre sonríe con paz.
4º. Cuando le humillan sus Superiores, siempre sonríe  con paz.
5º. Cuando no contestan a su amable saludo, siempre sonríe con paz.
6º. Cuando le miran con compasión y lástima, siempre sonríe con paz.
7º. Cuando manifiestan su falta de inteligencia, siempre sonríe con paz.
8º. Cuando, diciendo la verdad, la creen insincera, siempre sonríe con paz.
9º. Cuando la desprecian sus Hermanas de Comunidad, siempre sonríe con paz.
10º. Cuando se ve abandonada de sus Hermanas de Comunidad, siempre sonríe con paz.
Pero para alcanzar este grado de mansedumbre y de humildad de corazón, has de pasar  por la pasión del sufrimiento, ya que así como el oro, solo se purifica en el  fuego del crisol, así el alma se purifica en el crisol del dolor, aceptado con amor a Dios, y recibiéndolo como algo merecido por  nuestros pecados.
Decálogo del sufrimiento
para la Misionera que aspira
seriamente a la santidad.
DECÁLOGO DE LA CARIDAD
1º. Aceptar con paz y paciencia a  cada Hermana como es, con su temperamento, con su carácter y su modo de reaccionar frente a los acontecimientos comunitarios.
2º. Disculpar siempre las imperfecciones y defectos que se vean en una Hermana, recordando que el mismo Dios nos disculpa siempre los nuestros.
3º. No hablar nunca mal de ninguna Hermana.
4º. No ser nunca juez severo de ninguna Hermana, sino inclinarse a la bondad y a la misericordia en nuestros juicios sobre ella.
5º. Pedir siempre disculpas cuando se haya hecho sufrir a alguna Hermana, bien sea con palabras hirientes o con el comportamiento indelicado o con algún acto de amor o delicadeza omitidos.
6º. Manifiesta tu amor a la hermana, bien sea con una sonrisa, con una palabra amable, con un servicio caritativo que alivie    un poco su trabajo.
7º. Acepta de buen grado los deseos de cualquier Hermana, siempre que no se oponga al amor debido a Dios y lo mandado en las Constituciones.
8º. Acepta con humildad cualquier consejo que se te dé para corregirte de algún defecto que tengas.
9º. Trabaja porque se forme en cada casa  un clima de diálogo, de confianza mutua, cual corresponde a Religiosas que buscan la Verdad y la Perfección.
10º. Crear un clima espiritual donde se ponga en  común  lo que el Señor inspire a cada Hermana en su meditación de la Palabra de Dios, o en la lectura de cualquier pasaje evangélico.
Decálogo de la santa alegría
de la Misionera
1º. Porque te sientes infinita y eternamente amada por tu Padre Dios.
2º. Porque el amor de Dios ha dado sentido a tu vida de Misionera.
3º. Porque nunca te sientes sola, pues vives dentro de Dios y Él vive dentro de ti, lo que te lleva a sentirte unida a tus Hermanas.
4º. Porque ya no temes nada, pues estás en manos de tu Padre Dios que te protege y acompaña en todos los momentos de tu vida.
5º. Porque estás segura de que tu Padre Dios siempre es fiel a lo que te ha prometido de hacerte feliz, si le abres tu corazón.
6º. Porque te sientes salvada, liberada, pues posees las arras del Espíritu Santo, “que a vida eterna sabe”, como dice San Juan de la Cruz.
7º. Porque al Ser Misionera te sientes continuamente “llamada”  a prolongar la misma misión que Cristo trajo a la tierra.
8º. Porque han quedado iluminadas las realidades oscuras, como el sufrimiento, la limitación, el fracaso, así como la misma muerte que es el paso a la vida.
9º. Porque sabes que nada ni nadie podrá separarte del amor infinito de tu Padre Dios, aunque tengas la debilidad de caer en algunas faltas o pecados no queridos.
10º. Porque tu vida de Misionera es un permanente Desposorio con Jesucristo que es el MEJOR DE LOS ESPOSOS, y que te mira y te ama con ternura, aunque tú no te acuerdes de Él.
Decálogo de la santa alegría
de la Misionera
1º. Acepta a cada Hermana como es, amándola con todos sus defectos.
2º. No tomes en cuenta sus ingratitudes e imperfecciones, pues todos las tenemos.
3º. Interésate continuamente por las cosas de tus Hermanas, para ayudarlas buena y santamente en lo que puedas.
4º. No juzgues la conducta de tus Hermanas a espaldas de ellas, comentándolo con alguna otra Hermana o seglar.
5º. Alaba siempre las virtudes y cualidades de tus Hermanas, tanto delante de ellas como en su ausencia, pero de una manera desinteresada, es decir, no buscar su amistad a base de halagarla, para luego aprovecharte de ella.
6º. Sirve a tus Hermanas en lo que buenamente puedas, aunque ellas tengan el defecto de la pereza. Tal vez me digas: ¿“Si yo la ayudo, no estoy favoreciendo su  propia imperfección?” Es que la única manera de corregirla de su pereza es darla ejemplo de generosidad, pues, tarde o temprano, ella llegará a comprender la diferencia entre tu generosidad y su pereza y se convertirá. A la  vez  que la  ayudas   trata   de  orar    por   ella  para que el Señor la haga descubrir su falta             de virtud.
7º. Agradece siempre a tus hermanas de los favores que ellas te presten, tratando de devolvérselos con nuevos favores.
8º. Procura, hija mía, estar siempre alegre para alegrar a todas las Hermanas que convivan contigo. No olvides que la máxima alegría procede de saberte hija de Dios y amada de Él y segura de ir al Cielo para ser plena y eternamente feliz.
9º. Gózate y alégrate siempre de los triunfos apostólicos de tus Hermanas, así como los triunfos sobre sus defectos al adquirir nuevas virtudes, pero sin sentir la menor envidia de ello, pues quien envidia las virtudes de sus Hermanas, demuestra que es una orgullosa, que no  busca la gloria de Dios sino la suya propia.
10º. Pide siempre a tus Hermanas las cosas diciéndolas “Por favor”, aunque ocupes el cargo de Superiora. Y si haz hecho algo a tu Hermana que le haya podido hacer sufrir, pídele perdón lo antes posible.
DECÁLOGO CARITATIVO
DEL SILENCIO
1º. Si sabes callar a tus buenas cualidades, indica que eres humilde.
2º. Si callas a las buenas cualidades de tus hermanas, indica que eres víctima de la ENVIDIA.
3º. Si sabes callar para no herir la susceptibilidad de tu hermana, indica que tienes la virtud de la delicadeza.
4º. Si sabes callar los defectos ajenos, indica que tienes caridad.
5º. Si callas cuando tienes el deber de hablar, indicas cobardía.
6º. Si callas ante una injusticia por temor a quedar mal con la persona que la ha cometido, indica que te haces cómplice de ella.
7º. Si sabes callar cuando alguien te humilla, indica que andas en la verdad.
8º. Si sabes callar en los momentos en que sufres, es que tienes virtud.
9º. Si sabes callar ante una injuria, indica que poses la virtud de la fortaleza.
10º. Si sabes callar ante las ofensas para mejor amar a quien te ha ofendido, es señal de que andas en el camino de la santidad.

Nota.- Recuerda el silencio sagrado de tu Divino Maestro en su divina pasión: le insultaban, le acusaban de cosas falsas, le abofeteaban, se burlaban de Él los soldados, el pueblo prefirió que soltasen a un asesino y ladrón llamado Barrabás, le crucificaron, y Jesús callaba en todo momento, motivo por el cual se convenció Pilatos y el Buen Ladrón, que Jesucristo era no sólo inocente, sino que era Dios.
A Él debes tratar de imitar en tus silencios, frente  a los sufrimientos que te vengan de las personas que conviven contigo.
Que jamás brote de tus labios una protesta, un insulto, porque ello indicaría orgullo y soberbia en el corazón.
DECÁLOGO DE LOS QUE ASPIRAN A
SER “POBRES DE ESPÍRITU”
Jesucristo nos dijo: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”.
¿Qué tienes que hacer para llegar a ser pobre de espíritu?

1º. Vivir pobre y desprendida de los bienes materiales.
2º. No busques la estima y  el aplauso de las personas.
3º. No hagas nada para ser alabada.
4º. No busques preferencias de ninguna persona.
5º. Acepta las humillaciones y desprecios de las personas, con paz, mirándolas como a tus insignes bienhechoras.
6º. No busques consuelos espirituales en la Oración y en tu trato con Dios.
7º. Acepta todo dolor físico o moral, por amor a Dios.
8º. Rechaza todo brote de amor propio u orgullo, en cuanto surja dentro de ti.
9º. Vacíate totalmente de ti misma, y no te quejes  NUNCA  de nada ni de nadie.
10º. Considérate la servidora de todas tus Hermanas, sin esperar recompensa, más que de Dios.
Consejos para alcanzar el
dominio de ti misma.
Como sé que la vida de Comunidad puede y debe ser “un cielo anticipado”, cuando circula por el alma de todas las religiosas que la componen el mismo amor a Dios y a Cristo, pero cuando éste no se da se convierte en un verdadero purgatorio, que sirve para purificar las almas por el camino del sufrimiento, pero con el convencimiento de que quien hace sufrir no se santifica, aunque sí santifica a su “víctima”

Por eso, con la gracia de Dios e inspirado por Él, me permito daros una serie de consejos que os pueden ayudar al dominio de  vosotras mismas, pues muchas faltas de las que hacen sufrir se cometen por falta de reflexión, por dejarse arrastrar por las bajas pasiones.

1º. Si quieres tener dominio de ti misma ante las contrariedades, has de aprender a callar y sufrir por amor a Dios, en la seguridad de que El te ayudará y protegerá.
2º. Desde el momento que reconoces humildemente tus faltas ante tus Hermanas de Comunidad, las aplacas de las iras que han podido producir tus imperfecciones, a la  vez que logras que el Señor te eleve, pues a todo el que se humilla Él lo levanta y enaltece.
3º. Trata de conservar la paz del alma, aunque hayas recibido una afrenta, lo que lograrás a base de poner tu confianza en Dios y no en ti misma.
4º. Mientras no tengas tú misma paz interior, no podrás darla a tus Hermanas de Comunidad. Es preciso que cuando estés apasionada no te dejes llevar de la loca imaginación, pues en ese momento hasta las buenas acciones de tus Hermanas las verás como malas. Cuando tienes paz te es fácil pensar bien de todas y cada una de tus Hermanas, pero cuando estás atormentada por alguna pasión, te sientes turbada y turbas a las demás.
5º. Observarás que te gusta disculparte de tus faltas y que sea aceptada tu disculpa, pero, cuando estás turbada, ni excusas sus faltas ni fácilmente admites su disculpa, lo que indica que tu mente está oscurecida por la pasión del orgullo o amor propio herido.
6º. ¿Verdad que te gusta que todas sufran tus faltas e imperfecciones? Pues aplica esa misma regla en sufrir las faltas de tus Hermanas, pues si eso no haces estarás aplicando una injusta ley que va contra el mismo Evangelio, que nos dijo: “Con la vara que midas a tu Hermana serás medida”.
7º. No tiene mérito alguno por tu parte, cuando vives con Hermanas que tienen un trato delicado y caritativo, pues ello te agrada y no te hace protestar de nada. El verdadero mérito está en vivir con Hermanas de mal carácter, haciéndolo pacíficamente. Hay Hermanas que les gusta llevar siempre razón en todo cuanto dicen, les agrada hacer su voluntad y son de genio duro y malicioso. Para vivir en paz con estas Hermanas necesitas apoyarte fuertemente en Dios, que nunca te negará su gracia.
8º. Observarás que hay Hermanas que tienen paz en sí y con todas. Otras no la tienen en sí mismas, ni la tienen con las demás, por lo que son motivo de discordia y división. Ante éstas Hermanas sólo te queda el sufrirlas con paciencia y el orar mucho por ellas.
9º. Toda la paz en esta vida no se logra sólo a base de no tener contrariedades, sino en sufrir con humildad y sumisión, imitando a tu Divino Maestro.
10º. Cuanto más practiques la paciencia más alcanzarás la paz del alma, pues quien se vence a sí mismo, se hace íntimo amigo de Jesucristo, que pasó su vida dando paz a todos los que la suplicaban. 








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